Filipón_EMOCIONES

Las emociones y sentimientos son naturales, parte integral de la vida afectiva del ser humano y tienen una función adaptativa de nuestro organismo a su entorno. Conocerlas y expresarlas, es vital para tener una buena calidad de vida, ya que nos permiten conocernos y nos ayudan a relacionarnos mejor con las personas cercanas.

Las emociones son muy importantes en nuestra vida porque:

·      Reflejan nuestro mundo interno: Nos informan como vivimos en nuestro interior y lo que sucede a nuestro alrededor, lo que permite conocernos mejor y satisfacer nuestras necesidades y deseos.

·      Dirigen gran parte de nuestras conductas y nos ayudan a tomar decisiones con base a lo que sentimos respecto a una situación.

·      Nos ayudan a relacionarnos mejor ya que permite que las personas nos conozcan mejor y nos puedan entender con mayor facilidad.

·      Facilitan nuestra adaptación al medio ambiente y a actuar adecuadamente.

·      Cuando no expresamos nuestros sentimientos, las personas tienden a suponer o a adivinar lo que nos sucede y eso puede generar conflictos.

En el caso de los y las niñas es fundamental el desarrollo de estrategias para el reconocimiento y expresión de las emociones y sentimientos, ya que a edades tempranas los chicos se conducen de acuerdo a lo que observan en los adultos y sus iguales como medio para obtener la aprobación y afecto de los mismos, y no por una reflexión o decisión totalmente propia, lo que muchas veces los lleva a reproducir modelos poco adaptativos de expresión y manejo emocional.

¡Los niños y las niñas, que no identifican y expresan adecuadamente sus emociones son los que más peligro tienen de mostrar dificultades para adaptarse a su entorno y se refugian exclusivamente en emociones colectivas o de grupo, las cuales muchas veces son descontroladas e inducidas!

El papel de los adultos, y en especial de los padres de familia y educadores es el de permitir que los niños y las niñas experimenten sus emociones y sentimientos y los naturalicen. Para ello requieren identificarlos y verse capaces de vivenciarlos a pesar de que puedan resultarles desagradables.

No podemos evitar que los niños tengan desilusiones, frustraciones o conflictos. Lo que sí podemos hacer es ayudarlos a que entiendan y manejen mejor los sentimientos molestos que resultan de las experiencias desagradables. Al compartir los sentimientos desagradables, los niños se sienten menos heridos o agobiados por esos sentimientos. También logran un mayor control sobre sus propias emociones y conductas y además tomarán mejores decisiones cuando se enfrenten a la solución de problemas de la vida diaria.

A continuación te damos algunas  recomendaciones para ayudar a que los niños y niñas expresen las emociones de manera sana y efectiva:

1.    Enséñale a los niños a identificar y diferenciar sensaciones agradables y sensaciones desagradables y a decir “NO ME GUSTA” cuando algo les resulta desagradable.

2.    Utiliza el juego para desarrollar la comprensión de las distintas emociones tales como el enojo, la ira, la felicidad, la tristeza, la frustración y la sorpresa. Pide que te demuestren estas emociones con gestos de la cara y que te expliquen cuales situaciones les hacen sentir así.

3.    Ayúdalo a reconocer cómo reacciona su cuerpo ante determinada emoción. Por ejemplo al enojarse pregúntale: ¿Se te ve la cara alegre o triste? “¿Estás hablando en voz alta o baja? ¿Te sientes agitado o calmado? ¿Te pones tieso como una roca o blando como un muñeco de trapo? ¿Respiras lento o rápido? ¿Te da calor o frío? ¿Sientes las manos secas o sudorosas?”

4.    Ayúdale a encontrar otras formas de expresar su enojo en lugar de agredir o hacer berrinches, por ejemplo; pegarle a una almohada, lanzar piedras al agua, hacer ejercicio, brincar la cuerda, etc.

5.    Enséñale a usar las palabras para expresar sus emociones, por ejemplo, que diga “estoy enojado contigo porque no me dejas ver la tele”, o “me entristece que te vayas a trabajar”.

6.    Fomenta la reflexión y juntos encuentren una solución positiva al conflicto que lo lleve a soluciones más adaptativas, por ejemplo; “En vez de pegarle o pellizcarle a tu amigo, puedes ir y decirle a la maestra que te está molestando”.

7.    Acepta y respetar todos los sentimientos y emociones del niño mediante una escucha atenta, silenciosa y libre de críticas. Esto no significa tener que aceptar todas las acciones y conductas del pequeño, sólo sus sentimientos.

8.    Ayúdales a entender que es normal sentir diversas emociones y sentimientos, pero que estos nunca deben hacer daño ni a él ni a otros, por ejemplo, decir que está enojado con alguien sin necesidad de gritarle o pegarle. De hecho, así es más fácil que comprenda lo que le dio rabia y no lo vuelva a hacer.

9.    No olvides reconocer y alabar los progresos del niño o niña en su capacidad de expresar sus emociones de manera apropiada, esto reforzará el que tu hijo o hija siga entrenado su habilidad de expresar sus emociones y sentimientos

10.  Por último debes de recordar que lo más importante es que más allá de todo lo que puedas decirles, esto debe ir acompañado de tus acciones pues LAS PALABRAS CONVENCEN Y EDUCAN PERO EL EJEMPLO TRANSFORMA.

Para que la comunicación y autoridad de madres y padres sea vivida, comprendida e interiorizada por los hijos e hijas como algo positivo, ésta tiene que plantearse en vínculos adecuados que promuevan la afectividad. Cuando esto ocurre, se produce un alejamiento de prácticas violentas ya que los padres de familia encuentran maneras de manejar sus emociones y reconocer y expresar su enojo ante los menores, encontrando las palabras adecuadas para hablar con ellos y lo más importante, los niños y las niñas aprenden esto de los adultos.

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Angélica García Barajas

Coordinadora de Investigación

Asexoría

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